10.04 – Cerramos marzo, nos vemos en abril

by Apr 10, 2020Cartas del coronavirus, Ciudad de México0 comments

Por Laura Aguirre

Hace poco leí una entrevista que le hicieron a la historiadora Géraldine Schwarz y dijo algo que me caló hondo: ” Yo no pensé que, en nuestra época, la gente dijera con tanta facilidad no a la libertad en nombre de la seguridad” ¿Qué piensan ustedes?

Ilustración: Natalia Franco

Ciudad de México, México

Viernes, 10 de abril de 2020

Hola queridas, 

Ya perdí la cuenta de cuántos días llevo encuarentenada. Solo sé que S. dejó de ir a su kínder el 18 de marzo. Pero bueno, la vida ha agarrado otra normalidad. Desde el privilegio que tenemos de poder quedarnos en la casa y trabajar y cuidar a nuestro hijo desde aquí, es difícil quejarse. Aun así, no puedo dejar de pensar en lo rápido que cambió todo, en como el ritmo de la vida se ha hecho más lento para nosotros y parece que fue hace mucho tiempo que la realidad era otra. Pero fue hace solo cuatro semanas.  

El 8 de marzo estuve en la marcha de mujeres. 100, 000 mujeres de todas edades y colores caminamos juntas por las grandes avenidas de esta ciudad. Apenas se habían registrado unos cuantos casos del virus. El COVID-19, no solo parecía lejano, sino algo irreal, sin cabida en las consignas feministas, ni en el paso uniforme de tantas. Cuatro días después cené con mis amigas periodistas. Teníamos algún tiempo de vernos una vez al mes. Esa noche ya no nos saludamos con un abrazo, pero nos sentamos a la mesa sin miedo, platicamos de nuestras vidas, el futuro, el pasado, los planes y quedamos de vernos pronto. Cuatro días después S. todavía fue a la guardería. Fui por él y aún pude hablar con alguna mamá, pagar la mensualidad y sentarme a platicar un rato con las maestras. Ese día S. y yo caminamos hasta casa, atravesamos la plaza central medio vacía, pero todavía con algo de vida, compramos elotes y los comimos en el trayecto. Al día siguiente S. ya no quiso ir al kínder, dijo que se aburría mucho porque ya no llegaba casi ninguno de sus amigos. Todos se quedaban en casa por el coronavirus. 

Han pasado solo cuatro semanas y tres de no ver a mis amigas, de no ver a las mamás y papás del kínder, de no salir a comer unos tacos, de platicar con Ángela, la señora de los elotes, o llevar a S. al parque. Pero también de sentir más miedo que antes o, mejor dicho, de aprender a tener miedo por cosas en las que antes ni pensaba. La jornada diaria ahora incluye mucha limpieza, desinfectar todo lo que viene del super, lavar cada lata, limpiar cada verdura, cada huevo, desinfectar el piso a diario, nunca entrar con zapatos a la casa y, por supuesto, llevar mascarilla cuando salgo a dar una caminata o a ver a mis amigos salvadoreños que siguen varados aquí. Hace cuatro semanas no me hubiera importado que a S. se le cayera un pedazo de comida en la acera, le hubiera dicho que lo recogiera rápido, lo soplara y se lo comiera. Ahora solo puedo pensar que todo a mi alrededor es potencialmente peligroso ¿Es todo pura precaución o es pura paranoia? El miedo nos ha disciplinado y lo hemos aceptado sin protestar ¿por qué? Hace poco leí una entrevista que le hicieron a la historiadora Géraldine Schwarz y dijo algo que me caló hondo: ” Yo no pensé que, en nuestra época, la gente dijera con tanta facilidad no a la libertad en nombre de la seguridad” ¿Qué piensan ustedes 

Pero bueno, también pienso en el futuro, porque que está a la vuelta de la esquina. Cada día tengo esa sensación de que la vida volverá a lo que conocimos. Tengo la esperanza que no todo vuelva a la normalidad, que de verdad algo cambie en los países en los que vivimos, en nuestro país, que hablemos de acceso a la salud, de renta universal, de políticas sociales reales. Ojalá 

Ayer pasé por mi panadería favorita. Está cerrada desde el 29 de febrero. Sus dueñxs, una pareja joven, avisaron que irían un mes de vacaciones a Italia y volverían a principios de abril. El virus ya estaba en Italia, pero no pensaban que fuera a ponerse muy grave. No sabemos nada de ellos. En la puerta de la panadería aún sigue colgado el rótulo pintado con yeso descolorido que dice “Cerramos marzo, nos vemos en abril“.  

Abrazos,  

Laura

 

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