25.03 – Estoy fumando menos y tomando poco

by Mar 25, 2020Cartas del coronavirus, San Salvador0 comments

Por Paty Trigueros

Le dije medio molestando a mi hermana que si estuviera atrapada en guate al menos fuera mi casa, con mi roommate; pero la verdad es que también estaría perdiendo la cordura y ya me ha pasado antes, eso de estar fuera de El Salvador pero igual tener un pie acá, porque aquí está mi arraigo.

Ilustración: Natalia Franco

San Salvador, El Salvador

Miércoles, 25 de marzo de 2020

¿Qué ondas?

Espero que todo esté tranquilo, dentro de lo que nos toque leer, ver o dejar de hacer.

Hoy/ayer me acosté a las 2 de la mañana. Aparte de que me atrapó Mad Men (se la puse a mi mamá pero yo me entregué a la indulgencia de volver a ver esta serie, un episodio tras otro), pues, me entró un gran mal trip. Muchos pensamientos negativos, pero mezclados. Un solo remolino que me llevaba hasta a pensar cínicamente que qué bueno que no tengo hijos y que, al paso que voy, mi vida también va a estar confinada a pocos recursos y sin quien compartirlos. Viendo solo que todo está en pausa y que la incertidumbre pesa. En el día había lanzado una convocatoria de poemas por encargo, avancé una entrega, y compartí una par de poemas míos con la mara de Spoken Word Paris, que solía ser presencial. En 2010, leí en persona, y gracias a este último Open Mic improvisado, David de Spoken Word Paris movió los encuentros a Zoom. Los círculos se siguen abriendo. El tema de esta semana fue “Apologies”. 

Ayer fue productivo, hoy mandé mensajes que decían: “Hoy no he escrito.”

Me desperté, me hice café y volví a la cama. “Mi trabajo está parado” fue algo que dije en varios chats. “Estoy viendo Mad Men en pijama.”

Con todo lo positivo y estos pequeños highlights (partidos de Bachillerato Stop en Google Hangouts y los mensajes desde Guate de algunos cuantos con los que nos hemos hechos amigos allá estos últimos meses), tengo ese feeling de tratar de estar en otro lugar que no se trate de regañar a mi papá, que a sus 76 años está “aburrido”, por no decir depre. Queriendo conseguir un permiso para circular libremente y no querer ser paciente… Pues, todo mi ánimo se estancó en insomnio introspectivo.

Me levanté [como al medio día], me bañé, me lavé los dientes y me afeité (un hito). Me puse un overol rosado ridículo que compré en un bazar de diseño independiente. El calor aquí está un poco denso, y esa tela respira. Combinaba con mis gafas de sol y mi pulsera de cuarzo rosado que me regalaron en una mini lectura de tarot entre cheras. Me quité el escapulario de mi mamá que uso como un guiño supersticioso a mí misma, porque desde hace años los rosarios me recuerdan a ella y es un poco irónico todo esto de creer en algo. 

Esta soy yo siendo positiva: poniéndome mi máscara para ir, clandestinamente, a la casa de mi mamá a almorzar y luego al súper. No había maseca y había mini bolsas de lejía en descuento.

Hice dos compras: las de mi mamá, que le hacían falta, y las mías. Mi canasta de soltera incluía shampoo y otras babosaditas para teñir el baño de la casa en la que estoy hospedada de un tono más personal, pan de caja, aguacate, yogurt, barras de cereal, limones. Algo así. Puse gas, porque estaba ya en reserva. Obvio, no le veo sentido a tener el tanque lleno.

Como la casa de mi papá y la de mi mamá están a dos cuadras, creo que mientras use mi máscara y mis movidas sean estratégicas, no me van a detener. Lo siento, policías, pero debo cuidarlos a los dos: a mi mamá y a mi papá.

Le dije medio molestando a mi hermana que si estuviera atrapada en guate al menos fuera mi casa, con mi roommate; pero la verdad es que también estaría perdiendo la cordura y ya me ha pasado antes eso de estar fuera de El Salvador pero igual tener un pie acá, porque aquí está mi arraigo. 

En el súper, compré una vela de Monseñor Romero. Pertinente, dado que murió hace 40 años mientras daba la misa de muerte de mi bisabuela. Llamé hace un rato a mi mamá para que me contara de lo que ella se acuerda. 

Cuando volví de dejar el súper donde mi mamá, terminé de limpiar y botar papeles. “Es importante botar y hacer espacio para cosas nuevas.” Pero eventualmente cedí a Mad Men de nuevo, #obssesed.

Me hice tacos veganos a solas, y disfruté mucho mi cena. La acompañé de alguna que otra conversación alentadora. Creo que individualmente se va a sentir distinto para cada persona, pero definitivamente la transformación es colectiva. El impacto no va a cesar, pero el caos nos distrae. Lo malo no es hacia dónde vamos, sino de dónde venimos. 

Hoy no escribí nada más que cosillas en mi diario, y ahorita me estoy fumando el primer cigarro del día. Siempre que me hago un autochequeo y evalúo que, bueno, al menos estoy comiendo bien, y llevo ratos fumando menos y tomando poco. Mi finde pre-cuarentena fue un poco excesivo, un escape proporcional a tratar de trabajar en mis varios proyectos que ahorita están o lentos o parados. Ojalá mi salario no esté en cuarentena.

Pero bueno. El mundo sigue girando y ojalá se regulen estos días: más equilibrio entre sentir lo que hay que sentir y hacer lo que se pueda hacer. Y, si es posible, consentirme con un postre o chocolate porque, ¿por qué no?

Noches,

Xo

Más historias

Share This