30.03 – Estamos a un caso de que todo este lado de la ciudad explote

by Mar 30, 2020Cartas del coronavirus, Vancouver0 comments

Por Karla Monterrosa

Al medio día, me preparo para romper todas las reglas de la sociedad moderna y salir de la casa. He pasado las últimas dos semanas en pijama y sin calzón, así que me aseguro de maquillarme como si este viaje al súper fuera una gala.

Ilustración: Natalia Franco

Vancouver, Canadá

Lunes, 30 de marzo de 2020

Holi,

Mi horario de oficina es flexible, y a veces creo que eso me da permiso de vivir una vida sin reglas y fuera de control. Me despierto a las 9 de la mañana, que es el equivalente de dormir hasta medio día para una mujer de treinta años (cumplo 30 en agosto, pero me estoy preparando mentalmente desde ya).

Después de estresarme leyendo noticias por veinte minutos, me arrastro hacia a la cocina. Mi otro hábito autodestructivo es no desayunar, así me preparo un café. La bolsa de café molido me informa que mi café viene de Santa Ana, El Salvador. Como si las noticias de ayer que no me dejaban dormir y las noticias de hoy en la mañana no fueran suficiente estrés, esta bolsa de café me recuerda mi debilidad más grande: mi abuelo y mi abuela en Santa Ana. La culpa de no estar en casa para poder ayudarles con el súper o los asuntos de la casa me tiene muy estresada. No sé si es posible comprar vuelos a El Salvador en estos días tan extraños. Incluso si no tuviera que ir a un centro de cuarentena en Jiquilisco al llegar, intento recordar que estar en Santa Ana tal vez no cambiaría mucho para mis abuelos.

Al medio día, me preparo para romper todas las reglas de la sociedad moderna y salir de la casa. He pasado las últimas dos semanas en pijama y sin calzón, así que me aseguro de maquillarme como si este viaje al súper fuera una gala. Llevo una lista de cosas que necesito de los mini-supermercados, la farmacia, la tienda de mascotas, y la ferretería.

Vivo en el lado este de Vancouver, una ciudad pequeña en la costa oeste de Canadá. Hace unos días, la Dra. Bonny Henry (la oficial provincial de Salud de Columbia Británica) dijo en las noticias que las medidas de distanciamiento social en Columbia Británica están sirviendo y que estamos aplanando la curva. A pesar de que tengo el enorme privilegio de poder seguir con mi trabajo y mi salario intacto trabajando desde casa, no dejo de pensar cómo miles de personas que trabajan en supermercados, farmacias, e incluso dispensarios de cannabis (ahora llamados “servicios esenciales”) siguen arriesgando sus vidas y las de sus familiares por un salario mínimo.

Mi camino hacia el mini supermercado no es largo, pero ha sido mi caminata más larga en mucho tiempo. El cielo está gris, que es lo normal en Vancouver. Al menos esto se siente normal. En el lado este de Vancouver tenemos una enorme población de personas en situación de calle que incluso tienen que acampar en parques o dormir en las aceras. Es muy normal ver a muchas personas en las aceras pidiendo limosna o durmiendo sobre cartón, pero esta vez las calles están tan vacías que es mucho más difícil simplemente ignorarlo.

Antes de entrar al supermercado, me encuentro con Alex: un hombre que vive en situación de calle con quien ya he platicado varias veces. Hablamos un poco —guardando nuestra distancia—, le pregunto qué es lo que más le puede ayudar en ese momento y me dice que salmón enlatado. La falta de servicios higiénicos en Vancouver para la enorme parte de la población que tiene que dormir en las aceras y la negligencia del gobierno van a ser de los factores que más van a empeorar cómo la ciudad maneja la crisis. Si a pocas cuadras de mi casa hay conglomeraciones de 50-70 personas que tienen que ayudarse para sobrevivir en la calle, estamos a un caso de que todo este lado de la ciudad explote.

No tenían salmón enlatado en el súper, pero Alex dijo que por ahora estaba tranquilo comiendo atún.

Lávense las manos,

Karla

 

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