Bukele, ladrón de historias

by Jun 10, 2020Descompases0 comments

Por Metzi Rosales Martel

Hemos llevado ayuda a cinco albergues. Pero lejos de encontrar paz y fortaleza, suman más y más historias de violencia. De mucha violencia: niñas violadas por sus padrastros y con bebés de días de nacidos, mujeres que piden ayuda porque su pareja las está violentado, pero no quieren denunciarlos porque les da miedo que los metan presos y que se contagien del COVID-19.

Siempre me he considerado una ladrona de historias. Recuerdo que siempre he sentido una profunda tristeza cuando las personas me comparten sus experiencias para un reportaje. Me he sentido canalla porque, al final, lo que necesitamos las personas que nos dedicamos a este oficio es conseguir la historia —o las historias — que nos ayuden a retratar, a darle un rostro a las estadísticas o a entender temas que no podemos cuantificar.

Pues bien, siempre he agradecido la confianza que me tienen. Esas conversaciones, que suelen durar dos o tres horas, permiten a quien cuenta su vida, desahogarse. Muchas veces, lloran. Y yo me siento mal porque suelo preguntarme: ¿Para qué sirve el periodismo? ¿En qué les voy a ayudar yo con una publicación? ¿Su realidad cambiará con el periodismo de denuncia?

Llevo 17 años cuestionándome. Cuestionando también qué hacemos desde la academia para que la realidad de nuestro país, de nuestros países cambie. Y a veces me siento bien miserable porque después de 17 años veo un panorama cada vez más gris y sombrío para los mismos de siempre: las 2.2 millones de personas que viven en situación de pobreza. Y cuando escarbo en esas vidas, encuentro mucha violencia. Adonde quiera que veo es violencia. A veces quisiera no escuchar más historias de violencia, pero son tan cotidianas e inevitables.

Me siento cansada y agotada emocionalmente. Y esta cuarentena ha sido más asfixiante. He invertido buena parte de mi tiempo en intentar ayudar, ser de utilidad y no solo una ladrona de historias. Gracias a la generosidad de muchas personas, logramos entregar canastas básicas rurales a más de 200 familias. Las jefas de hogar de estas familias se dedican a la venta informal (son emprendedoras, como ellas me han corregido), al trabajo del hogar remunerado y al comercio sexual. Entregamos fórmula y leche para 109 niños y niñas de la Granja Penitenciaria, así como artículos de higiene personal para ellxs y sus madres. Hemos llevado ayuda a cinco albergues. Pero lejos de encontrar paz y fortaleza, suman más y más historias de violencia. De mucha violencia: niñas violadas por sus padrastros y con bebés de días de nacidos, mujeres que piden ayuda porque su pareja las está violentado, pero no quieren denunciarlos porque les da miedo que los metan presos y que se contagien del COVID-19.

Muchas de las mujeres que recibieron estas ayudas son madres solteras. No hay un hombre responsable de la manutención de su prole. Eso es violencia. Sí, violencia hacia la mujer, hacia la infancia, niñez y adolescencia. Y si tienen pareja, con suerte este hombre da un aporte económico para la prole que desciende de otro. Esto no es mi opinión, es lo que ellas me han contado.

El Observatorio de la Organización para las Mujeres Salvadoreñas por la Paz (Ormusa) registra que las denuncias y pedidos de auxilio de mujeres que están enfrentando violencia, durante la cuarentena, han aumentado en un 70 %. Las cifras oficiales indican que durante la cuarentena ha habido más de 290 denuncias de delitos relacionados a expresiones de violencia contra las mujeres. De acuerdo con la Fiscalía General de la República, durante la cuarentena domiciliaria por el COVID-19, han recibido 341 denuncias por violencia sexual y otras 158 por violencia intrafamiliar.

Y las cifras siguen sumando. Porque la violencia es ese infinito imparable. Por lo menos en este país que carece de políticas públicas con perspectiva de género e interseccionalidad. Tanto así que durante el confinamiento se han cometido 26 feminicidios. Estas historias han sido retratadas por colegas y publicadas en distintos medios.

La afirmación de que las mujeres estamos 61 % más seguras es falsa. Tan falsa como que el Plan Control Territorial haya convertido a El Salvador en un país más seguro para quienes nacemos con genitales femeninos. Ni se diga para quienes reniegan de sus genitales masculinos.

 

Estoy cansada, harta de escuchar y vivir episodios de violencia. Desde que era una niña nunca me he sentido segura. Y, a la fecha, busco en mi disco duro mental y no recuerdo a una tan sola mujer que me haya contado que NUNCA la han violentado.

El domingo me desayuné con esta historia: “Mi papá comenzó a violarme a los 9 años, tuve tres hijos de él. En mi familia todos sabían y nadie dijo ni hizo nada”. Hoy mi almuerzo fue con la historia de la niña de 12 años, violada y embarazada por su padrastro. Protegida en un albergue mientras su padrastro y su madre son procesados. Estas historias, y mi historia personal, me hacen afirmar que “el hogar” no es un lugar seguro para quienes viven bajo el mismo techo que su o sus agresores.

No, Nayib, no estamos seguras, nunca lo hemos estado. Ni en nuestras casas, ni en la calle, ni en el centro educativo, ni en la universidad, ni en el transporte público, ni en los bares, ni en la iglesia, ni en el parque. No hay un lugar seguro para nosotras.

Desde el 1 de junio de 2019 es su responsabilidad lo que le suceda a las niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres de este país. El hecho de que en la burbuja que usted y sus familiares viven, tal vez, y solo tal vez, no exista violencia o usted no la identifique, no quiere decir que esa sea la realidad del 53 %¹ de las mujeres que vivimos en este país. Recuerde que las denuncias no son un dato exacto, sobre todo en un país donde solo 6 de cada 10 mujeres denuncia haber sobrevivido a la violencia².

Usted debería visitar los albergues y convertirse en un ladrón de historias. De lo contrario, su gobierno seguirá pariendo presentaciones de PowerPoint y publivideos con “planes y políticas” para una realidad que solo existe en Twitter. Una red en la que usted y su séquito violentan y promueven la violencia contra las mujeres. Recuerde que eso que ustedes hacen también es delito. Usted debería ser el primero en cumplir y hacer cumplir la ley, recuerde que usted lo juró el 1 de junio de 2019. Deje de faltarnos el respeto y violentarnos.

1. Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples del 2018.

2. Encuesta Nacional de Violencia contra la Mujer,  El Salvador 2017.

Metzi Rosales Martel es periodista feminista, graduada de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”. Es egresada del máster en Diseño, Gestión y Dirección de Proyectos de la Universidad Europea del Atlántico. Es jefa de prensa de Seguimos Unidos y consultora para Women´s Link Worldwide. Es asesora de tesis en la Universidad Dr. José Matías Delgado, colaboradora del podcast Temporada de Leonas de Alharaca y correctora de estilo.

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