“Lo que nunca te dije, mamá” es un ejercicio que, por iniciativa de la escritora y poeta, Lauri García Dueñas, reúne a seis literatas salvadoreñas quienes, desde sus diferentes lugares y época, escriben a sus madres o abuelas algo que nunca le dijeron. Lejos de las figuras idealizadas y los estereotipos deshumanizados, cada carta nos permite acercarnos y hasta identificarnos con experiencias de vida complejas, llenas de pasajes hermosos, pero también terribles. Cada una nos demuestran que las relaciones de amor incondicional no dejan de estar traspasadas por tensiones y paradojas, que así es la vida real.

Les invitamos a disfrutar y compartir de cada uno de los textos dando clic en cualquiera de las imágenes.

Ser madre no es ni lo mejor que me ha pasado en la vida ni lo peor. No deseo que la figura de la madre “luchona” sea trágica e impoluta pero tampoco creo que las madres sean las peores villanas. Las madres siguen siendo mujeres, aunque la cultura se esfuerce por presentárnoslas idílicas o culpables de todo mal.  

Las madres siguen participando, padeciendo y gozando de la condición humana. Su complejidad psíquica y física no es menor que la de nadie y la relación con las y los hijos oscila entre la el amor, la sobreprotección, la violencia y la desidia.  

Para el psicoanálisis, la relación con la madre es esencial y de ella dependerá gran parte del desarrollo de la subjetividad del sujeto.  

 Conscientes de los entresijos sinuosos de las relaciones con las madres o abuelas, entre la gratitud, el reproche y la resignificación del vínculo; Alharaca aceptó esta propuesta/ocurrencia que, a mi juicio, intenta cuestionar el estereotipo que, cada mayo, la cultura popular y latinoamericana intenta imponernos. Pero“ni virgen, ni puta”, reza la consigna.  

Las madres no deben poder solas. No son heroínas. No necesitan solo un día al año de apoyo o celebración. Las madres necesitan contención, corresponsabilidad, trabajo digno, prestaciones sociales, licencias de maternidad y lactancia, redes de apoyo familiar y social. La sociedad individualista debería dejar de hacernos creer que las madres pueden solas, que pueden con todo, para que solo el 10 de mayo las “premiemos” con electrodomésticos que subrayan su esclavitud al trabajo no remunerado del hogar.  

El vínculo con ellas debería repensarse y redecirse desde lo que no se dice o no se dijo.  

El miércoles 29 de abril de 2020, Alharaca le pidió a un grupo de escritoras unirse ad honorem al proyecto “Lo que nunca le dije a mi mamá”. Esta fue la provocación:  

Escribir una carta a tu madre máximo de una hoja de extensión. Puede ser un párrafo. 

  1. a) Diciéndole algo que jamás te atreviste a decirle, doloroso o alegre.
  2. b) Reconociendo algo de su ser mujer más que de su ser madre.

Evitando la cursilería, exaltación o edulcoramiento propios de la figura materna y del 10 de mayo. 

Puedes firmarla con tu nombre o con un pseudónimo. 

Agradecemos la pronta respuesta de estas escritoras que, desde distintas partes del mundo, respondieron a este ejercicio luminoso pero no falto de complejidad. Algunas decidieron colocar un pseudónimo a su carta por decisión propia, ya que es un tema muy personal.  

Christy Najarro Guzmán, desde Brasil, agradece a su madre el haberla enseñado a valerse por sí misma.  

Claudia Denisse Navas Handal, desde San Salvador, cuestiona la misoginia y las diferencias de clases entre mujeres, pero sin juzgar o culpabilizarlas.  

Tania Pleitez Vela, desde España, de manera poética, evoca a una madre fuera de serie que brega contra las habladurías provincianas para poder estudiar a sus 37 años.  

Elena Salamanca, desde CDMX, muerde con voracidad el vínculo con su abuela.  

Patricia T. relata lo difícil de parecerse a su madre.  

L ahonda en el dolor y el agradecimiento a su linaje. 

Esperamos que en este mes de mayo, nuestras lectoras y lectores también se animen a escribir “lo que nunca le dije a mamá” para profundizar en este vínculo que oscila entre la luz y lo ominoso.  

Lauri Cristina García Dueñas 

Escritora 

 

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